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martes, 15 de abril de 2008

Capítulo 9

IX

Toda inquietud, mi señor, pronto se desvaneció... Inesperadamente, unos pasos tenues en la penumbra de aquella pequeña estancia junto al "triclinium" en la que yo pasaba el tiempo cuando no había visitas.... aunque habían transcurrido bastantes "nundinae", mis pensamientos y pulso aún me tenían en suspenso, al igual que esa noche, entre aquella bruma de incienso, mirra, hojas ritualmente quemadas y el resplandor de esmeralda, zafiro o púrpura…. No era el simple centelleo de unas gemas, sino una energía de intensidades distintas que variaban de acuerdo con el color…. Sabía, no sabría decirte por qué, que era fuerza vigorizante, generadora de vida, de diferentes clases de vida…. Todas fluían a través de mí, más allá de mi cuerpo sólido… Era una fuerza fluida, tenue y, al mismo tiempo, arrasadora, fundiéndose con aquella de aguamarina, densa, procedente de esa mirada abarcadora, abismal, surgiendo de la marea trenzada y tejida en carmesí dorado… Lo cual me hizo sonrojar y palidecer a un tiempo cuando la visión de tu persona armónica e imponente se dejó entrever en la penumbra del anochecer…. No sé si hubo palabras…. Tu cabello ralo entre mis dedos desconcertados mientras que los labios llenos y la nariz aquilina se apoderaban de mi vientre y senos… Fue bastante más tarde, mi cuerpo húmedo, abierto de par en par, satisfecho, consciente de las piñas que había tenido cuidado de repartir bajo el colchón, tu respiración entre los pechos, densa y sin embargo inquieta…. ¿quizás tú también la habías sentido, aquella inmensa mirada, como luminosa niebla gris y azul, que me había traspasado mientras tu virilidad sólida devoraba, implacable, mis entrañas, fecundándolas? Posiblemente notaste como mis latidos se aceleraban….
-Mi señor…. -- ¿por qué me vería impulsada a preguntártelo? -- …. Me contaste una vez…. Estuviste en un santuario al otro lado del mar romano ¿no?
En la penumbra los ojos transparentes ¿por qué tenían que recordarme a aquéllos? me contemplaron fijos, como lo nacían con cualquiera de tus subordinados. Después tomaron un matiz de perplejidad entre aquellas arrugas que se habían vuelto más profundas….sonreíste…..
_ …. Sí, mi pequeña Calpurnia, si…. Recién llegado a Hispania …. – sí, recordé, acababas de perder a Cornelio – …. Hice una ofrenda al divino Alexandros…. – Te contemplé atónita : pese a ser “pontifex” y anteriormente “Flamen Dialis” , bien sabía que, en la intimidad, no sentías especial veneración por algo más allá de tus ambiciones o fe en ti mismo –…. mis lágrimas más profundas, desgarradas, las mismas que vertí cuando mi anterior esposa murió sin dejarme un continuador de la “gens Iulia” , porque se me había despojado de la primera ternura sentida hacia una mujer, por mi madre que, también privada a destiempo de su compañero, se había entregado a la pérdida de su derecho a amar tiernamente a un hijo para asumir el papel que hubiera correspondido a un “paterfamilias” …. – Incluso a oscuras vi estremecerse el centelleo de tus ojos…. Besaste la mano que acarició la mejilla apergaminada y húmeda… Te sentí tragar saliva y respirar lenta y pesadamente… Por primera vez desde aquella boda sin “confarreatio”, me sentí impulsada a acunarte consoladoramente entre mis brazos, acariciar aquella cabeza de escaso pelo ceniciento, besar los surcos de la hermosa frente despejada…. Mi señor, el héroe, el dios que había desfilado entre rugidos de aclamación por la Vía Sacra ….un hombre vulnerable, enternecido, buscando consuelo en mi cuerpo …. Sí, aunque ni Marcia ni Porcia ni Cornelia lo habían mencionado abiertamente, yo bien sabía que todas aquellas noches en Roma antes de volver a la “Domus Publica” dormiste en otra casa del Palatino, algo que no pasó inadvertido ni a las pequeñas vestales…. Pese a todo, a la profunda humillación a veces experimentada por no ser capaz de mantenerte fiel a mi lecho mediante una mayor capacidad de seducción o un hijo que perpetuara tu familia, aún aquella caricia traspasaba mis entrañas, deseosa de cuidarte, poseída por todo tu ser….
_ Le ofrecí mi orgullo, Calpurnia ¿comprendes? No, tú no me conociste de joven…. El Cayo que tienes delante, envejecido y humanizado, dista tanto del que vio Cornelia Cinna, crió Aurelia y se enfrentó al mismo Lucio Cornelio Sila …. Sila… gracias a él y a su supuesta ¿clemencia? – Vi centellear la ironía de tu sonrisa – Estaba allí, en el templo que los púnicos dedicaron a su Dios Solar y después los griegos dedicaron a Heracles, intentando desahogar mi impotencia por confrontar lo que creía de mí mismo con lo que representaba aquel joven divinizado de la misma edad que yo tenía por entonces …. Sila…. Después de todo tenía…. Quien sabe si aún tenga que deberle todo cuanto he conseguido hasta ahora…. Un gran romano, mal que nos pese…. Él no tuvo una Aurelia que, desde niño, le formara como hombre… sólo su “dignitas” maltrecha de patricio desheredado gracias a un padre enfermo, desquiciado y feroz, que, según se dice, fue abandonado por su esposa y un hijo poco menor que Lucio Cornelio, aunque, según la versión oficial, ella murió…. Y, con todo, le envidio su astucia, su talento militar, esa sensibilidad oculta que pocos conocieron…. Todo eso lo sé por mi madre, ya te imaginas…. ….. – Se hizo un silencio : las pupilas color de aguamarina se habían encendido. – ….Muy cerca de allí, en Gades, al poco tiempo escuché una curiosa historia de labios de un anciano vinculado a la familia del otro Lucio Cornelio, nuestro viejo amigo Balbo, el cual había pasado muchos años en Roma …. Se trata de algo que me reveló puesto que la dictadura silana llevaba años extinguida, casi los mismos que Sila llevaba incinerado, eso creía yo por lo que Aurelia me había contado… y yo mismo te lo estoy confiando como fiel esposa ejemplar que eres y porque sé que probablemente haya engendrado un hijo dentro de ti esta noche…. Lo sé porque he visto tus senos henchidos, rebosando fertilidad… Este buen hombre me habló de ello mientras navegábamos a lo largo del gran canal marino que separa las dos islas. A un lado se alzaba aquella en la que nuestro Balbo está edificando la Neápolis, la ciudad nueva con la que todos estos púnicos romanizados y enriquecidos desde hace siglos quieren competir con los propios romanos: todas esas hermosas “domi” edificadas con la roca local, porosa, arrancada al mar, cuajada de conchas… ese ocre rojizo y al mismo tiempo dorado oscuro bañada por esa luz blanquísima y, simultáneamente, azulada en nada es comparable a nuestro Palatino…. Es algo más allá de la realidad tangible… Me gustaría tanto poderte llevar allí, mi Calpurnia…. Incluso alguna que otra “insula” como aquella donde nací y viví aquí en el Subura parece transfigurada, como si no albergara la misma sordidez de las de Roma, lo cual, a decir verdad, es cierto…. No hay “suburae” ni “vici” desbordados por el hacinamiento y la inseguridad como aquí…. Toda la ciudad nueva es de una pulcritud, tranquilidad y prosperidad que la propia Roma codiciaría…. Si bien yo, personalmente, añoraba el profundo perfume de los pinos que aquí se mezcla con la brisa marina, allí tan penetrante que parece fundirse con la luz deslumbradora…. Pero estoy desviándome del tema…. Calpurnia ¿duermes? –Me incorporé, mirándote con curiosidad. Mis ojos, sin embargo, son oscuros y no centellean como los tuyos en las tinieblas –…. Como te decía, al otro lado del canal se halla la isla en la que se asentaba la Gadeira púnica, hoy llena de edificaciones ruinosas, llenas de moho y donde bandadas de gaviotas revolotean buscando restos de alimañas muertas entre la destrucción…. También hay inmensas extensiones de viñedos con los que se dice que muchos ciudadanos de Gades comercian e incluso hacen intercambios con cepas y variedades de Campania o cualquier otra región itálica e incluso griega…. Es un vino intenso, dicen…. Como te puedes imaginar, yo lo desconozco por completo…. En esta misma isla, en la orilla, se hayan diseminados los templos que, en principio consagrados a deidades púnicas, después fueron convenientemente romanizados, dedicándolos a dioses que recordaran a los que les precedieron…. como el que primero era de Baal y después de Kronos y… aquí quería llegar….el de la gran diosa madre Astarte o Ishtar, la diosa de la luna, del sexo y la fecundidad ahora alberga el culto a Venus Marina… Aún lo tengo ante los ojos, como se erguía a las orillas del canal, a imagen exacta del de aquí sólo que edificado con esa roca ocre y luminosa… el buen hombre casi me lo susurró al oído…. Parece que lo estoy viendo palidecer a través de la piel curtida por el sol intenso…. En Roma había gozado de influencias que le permitieron entrar nada menos que en el círculo de los Cecilios Metelos, lo cual le había facilitado tratar abiertamente con Sila hasta el punto de entablar una amistad duradera…. Insólito, me dirás, tratándose de alguien como nuestro Sila…. La relación se mantuvo cuando este buen señor regresó a Gades y, según tengo entendido, incluso materializó un fructífero intercambio comercial de vides con Lucio Cornelio…las que rodeaban su villa de Cumas…y que parece ser que su hija Cornelia ha mantenido con una perspicacia increíble… Bien, pues el buen señor me reveló que unos quince años atrás, más o menos, el propio Lucio Cornelio, tras huir de Roma, había pedido asilo en su casa de Gades, tan sólo acompañado de un esclavo que conservaba el bigote y el cabello largos, espesos y encalados…de los arvernos….y en cuyo rostro congestionado quizás por problemas dermatológicos o quien sabe si por la embriaguez se distinguían unos ojos tan pálidos y singulares como los de su amo…. Lógicamente, Sila había dejado a su familia a salvo fuera de Roma y consideraba más seguro permanecer lejos de ellos…. Lo que desconcertó a su amigo es que la hospitalidad iba a ser temporal ya que la intención de Lucio Cornelio era ser llevado, pocos días después, nada menos que al templo de Venus Marina, la misma deidad a la que dedicara la colonia de Pompeya, para retirarse allí indefinidamente, quizás el resto de sus días…. …. – ¿Por qué el silencio y la oscuridad tenían que ser tan espesos? – Te puedes imaginar su reacción, Calpurnia….y la mía…. Sila dedicado al sacerdocio, por llamarlo así, de Venus, sin haber sido formado para esa tarea, enclaustrado para siempre allí dentro…. El Sila de siempre emergió, amenazador, para exigirle que guardase silencio : se limitaría a informar a quien quisiera saber sobre el tema que se trataba de un simple romano el que, días después, iba a cruzar el canal para no volver al mundo civilizado romano y dedicarse a vivir de pescado, vides y el pan amasado con el trigo que los sacerdotes de distintos templos cultivan allí …. Además de cuanto les dieran los frutales y huertos que cada templo tiene…. De todos modos nadie le iba a reconocer antes de dejar el mundo romano propiamente dicho de la ciudad nueva . El enorme sombrero de paja impedía ver la cabellera de oro carmesí y los ojos claro de hielo encendido que le distinguían junto a la piel blanquísima que disimulaba con la toga…o el manto….¡Calpurnia! ¡Estas temblando! –Temí que la fiebre volviera a apoderarse de mí como aquel día y volver a delirar, arriesgándome a desvelar cosas que, consciente, me habría guardado de sacar a la luz. Me abrigué con las pieles que habías traído de las Galias… un tacto peludo, flexible, blando….
_No, mi señor, no…. Sigue….
_ Estas ardiendo, chiquilla…. Quizás debiera haber esperado….pero te deseaba tanto, esposa mía …. – Un orgullo momentáneo teñido de deseo aceleró mis latidos…. Sentí la urgencia voraz de llevar tu mano amplia y hermosa a mis senos erizados y cabalgarte hasta jadear, sollozar a gritos sin pudor…. Pero supe que quería seguir escuchando y me contuve, sintiendo como mis ingles se iban relajando….
_ Sigue, quizás mañana no puedas… es tan escaso el tiempo que compartimos así, juntos….
Sin embargo, tu silencio continuó. Me alarmé…. No, no tenía por qué inquietarme.
_ Calpurnia….incluso siendo tú me confunde estar desvelándote esto aquí…. Confío en ti, lo sabes…. Comprenderás la envergadura de este tema…. Si Sila se había recluido allí para siempre … ¿por qué regresó posteriormente a Roma? Porque era Sila, indudablemente, quien me perdonó la vida …. Sin embargo, mi madre, cuando lo volvió a ver tras el regreso, se quedó trastornada…. Lo único que quedaba de él era la mirada….y su orgullo…. En lo demás no tenía nada que ver con el Apolo que habrás creído ver en algún que otro busto que Cornelia tiene en su casa….– Recordé a aquel hombre de hermosura innegable que había visto representado más de una vez en Cumas – …. sólo su talento e inclemencia …. Lógicamente, no pensaba desvelar absolutamente nada ni siquiera a mis colaboradores más estrechos…. Sabes que no tengo amigos íntimos y esto supone una ventaja en ese aspecto…. En cuanto a mi primo, pensé que lo más oportuno era dejarle seguir creyendo lo que todos hemos sabido siempre…
-¿Y Cornelia….? ¿Crees que….?
- ¡Quién sabe! De todos modos, no tenía con su padre una relación tan estrecha y entrañable como para compartir ese secreto…. Quizás ni ella misma sabe nada del tema…. Sin embargo, estoy bien informado de sus intercambios comerciales con Gades, de como intercambia esquejes y caldos de Cumas con otros del propio Gades, con toda seguridad de las viñas que pueblan la isla de la ciudad antigua…. ¿qué tendrán los vinos de Cornelia? Dicen que ha hecho una fortuna…. Me alegro profundamente su padre no fue generoso con ella….por lo menos, al principio…. Pero…. ¿cómo resistiría alguien como Sila vivir recluido allí, dentro de esa gruta que oculta el templo de Venus… sí, el antiguo templo de Astarte era subterráneo, siguiendo los modelos antiguos…. Ten en cuenta que para los pueblos no romanos las diosas de la fecundidad debían ser adoradas en las entrañas de la tierra, a la que representaban….
_¿No crees que sería una medida inicial de precaución para después desde allí huir a escondidas y luego reunirse con sus tropas lejos de Roma, como parece ser que sí hizo?
_Efectivamente, eso creyó mi buen amigo de Gades cuando, tiempo después, tuvo noticias de que había desembarcado en Italia con sus hombres para unirse a Pompeyo contra Mario así como de todo lo que siguió después…. Tras el asombro vinieron el desengaño doloroso al conocer el asunto de las proscripciones y toda la sangre vertida a lo largo de la dictadura y, más adelante, la perplejidad ante el anuncio que hiciera Sila de abandonar el poder y volver a ser un “privatus”. Su antiguo amigo de Gades fue uno de aquellos a los que conmocionó cómo terminó sus días en Cumas y a una edad tan prematura…. Claro que jamás vio como era físicamente el Sila dictador …. Pero todos sus esquemas se vinieron abajo días antes de llegar yo a Gades procedente del templo de Heracles…. En el “atrium” de su “domus” , una figura erguida, enmascarada con un gran sombrero campesino de paja desgastada por el sol y un barba entre rojiza, rubia y canosa, como el cabello, que, trenzado, le llegaba hasta los hombros….y aquellos ojos pálidos y penetrantes que ya no eran fríos ni despiadados….Le informó que sabía de mi estancia aquí y que accedía a que su “amicus gaditanus” compartiera conmigo el secreto largamente guardado al ser yo “el heredero de aquella que más profundamente ha tocado mi corazón, más que cualquiera de mis esposas….” ….. transido por el retiro, la soledad, la meditación y todo lo que hace a estos hombres diferentes en su comportamiento de los que viven en sociedad, no reaccionó a la felicidad exultante del amigo tras el pánico paralizador y confuso del principio … pese al intento de éste de abrazarle calurosamente y ofrecerle su hospitalidad, sin decir nada más, abandonó la “domus” para posiblemente regresar a la otra isla ajena a la civilización …. Calpurnia ….. ¡¡Calpurnia!! …. ¿por qué tenía que haber accedido a contarte todo esto…? No, no podía ser recomendable para que mi semilla cuaje bien dentro de ti…. Necesitas serenidad…. No historias sobrecogedoras…. – Esta vez realmente sí que me atemoricé : estaba helada por dentro, dentro de mis huesos pese al grueso cobertor de piel… tus brazos se habrían cerrado estrechamente en torno a mí, acurrucándome contra tu pecho… no, jamás antes te había tenido de este modo : era un hombre nuevo éste que me ofrecías, mi señor…. Tan lejos del que se casara con la hija de Calpurnio Pisón Cesonino, hombre bien situado, para así afianzar su alianza con uno de los hombres más influyentes de Roma…. Éste era sólo un marido tierno, sincero, confidente de su esposa….como en el caso de tantas otras parejas en las que el amor inicial había contado entre otras razones en las que se había basado el cierre del trato matrimonial…. En ese preciso momento llegué a pensar que todas aquellas damas romanas que habían gozado e tu virilidad no eran más que sombras inciertas, ficticias…. Forjadas por la envidia y mi propia inseguridad…. Incluso Servilia
_¿Estaba tan desfigurado como cuando le conociste?.
_ …. Eso mismo le pregunté…. Estaba tan oculto por el sombrero y la barba….. Sin embargo, le pareció erguido como siempre y la piel que se distinguía entre las trenzas y la barba seguía blanquísima y el cabello igual de fuerte aunque el dorado rojizo se iba cubriendo de canas…. Quién sabe….posiblemente este hombre….quienquiera que fuera…aún viva…. Aunque, como te puedes imaginar, ancianísimo…. De todos modos, jamás me adentré en la ciudad antigua para buscarle…. Cuando él visitó a su amigo fue porque realmente sabía que yo guardaría el secreto y jamás haría esfuerzos por contactar con él….y, si aún vive, no voy a defraudar su confianza…. Era… o es….un patricio como nosotros ya sabes…. Calpurnia….. ¡¡¡Por todos los dioses….!!!
¿¿Qué es esto….?? –…. Un flujo espeso, caliente y pegajoso corría por mis muslos, invadiendo tu mano mientras que yo del frío helado había pasado de un estado cercano al desvanecimiento, sin ni siquiera fuerzas para aterrorizarme ante aquella violenta, inesperada menstruación, acelerada tanto por la excitación sexual como por cuanto acababa de serme desvelado justo por ti, abortando aquello preparado tan concienzudamente durante meses para de volverme al estado inicial de abatimiento, frustración, esterilidad , desprecio por mi ser mediocre. Las que llegué a creer sombras generadas por la maledicencia y mi neurastenia volvía a perfilarse como realidades nítidas, acechadoras … y aún no conocíamos a aquella otra que reinaba en Oriente.

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